Últimamente no le damos demasiada importancia a la escritura.
Parece como si se hubiera instalado en nuestro cerebro la premisa de que escribir mal es sinónimo de ser amigable y muy cercano, mientras que escribir siguiendo ciertas reglas lo es de ser aburrido. Nada más lejos de la realidad. Podemos ser cercanos y amigables con una buena redacción.